Smoothie de frutas

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Los smoothies parecen haberse puesto de moda recientemente, y ahora mismo, rara es la dieta que no los incluye (si no se basa en ellos por completo, lo cual no recomiendo). El batido de frutas de toda la vida (que vendría a ser lo que es el smoothie) es una gran ayuda tanto para perder peso como para hacer limpiezas puntuales, amén de ser una forma fácil y rápida de consumir frutas y vegetales, lo cual es siempre buena idea.

Como toda buena receta de cocina que se precie, las combinaciones son muchas y muy variadas, casi tantas como consumidores. No sólo en cuanto a los alimentos, también respecto a las proporciones y a algún que otro truquito que yo mismo uso y que os explicaré a continuación. Veamos lo que dice la teoría.

Una base verde, ¡aprovechemos para comer verdura sin darnos cuenta!

Una de las gracias del smoothie es que, para aquellos a los que no les guste comer verdura, es una gran forma de consumirla sin el sufrimiento que para ellos conlleva. Espinacas, brócoli o col kale son las bases más habituales, pero podemos jugar con vegetales tales como el pepino (muy rico en agua, ideal para los smoothies de verano), la zanahoria (no creo que conozca a nadie que no le guste, pero de todo hay en la viña de Señor), o la remolacha (que además le dará un toque de color muy interesante).

La fruta, la golosina de la naturaleza

A mi con la fruta me pasa una cosa que igual a vosotros también. Me encanta, prácticamente toda, pero muchas veces me da un palo terrible lavarla y pelarla, y por pura vagancia, acabo no comiendo. Esto se soluciona (en parte) si la usamos para los smoothies (especialmente con un truquito que os contaré más adelante). No hace falta que os diga además que las posibilidades son innumerables, y que podemos diseñar nuestro smoothie en función de objetivos concretos. ¿Queremos ayudar a quemar grasas? Piña a carretadas. ¿Queremos regular nuestro apetito? Fresas. ¿Queremos un smoothie para antes y después de hacer deporte? Plátano, fuente natural de potasio. ¿Fibra? Kiwi. ¿Vitamina C? Naranja.

Una base líquida para todos los gustos

Tenemos las hojas verdes, tenemos la fruta, y ahora hay que añadir líquido para que el smoothie tenga una textura más líquida y sea más digerible. Como en los dos pasos anteriores, tenemos opciones varias para todos los gustos y estómagos. La base más habitual sería la leche de vaca, pero desde hace algún tiempo, el número de personas que se han dado cuenta de que les sienta mal o las diferentes opciones personales han ayudado al auge de otras leches que son fácilmente encontrables en la mayoría de establecimientos; Avena, arroz, almendra o soja son algunas de ellas, aunque buscando un poco podemos encontrar también de coco, lo que puede dar mucho juego para los smoothies.

Yo personalmente me decanto por la leche de avena de la marca YoSoy, por ser la que lleva un porcentaje más alto de avena de las que puedes encontrar habitualmente, y por estar elaborada con agua del Montseny. He usado también leche de soja, venden con chocolate preañadido y si lo mezclamos con plátano, fresa y algún ingrediente más, nos sale un riquísimo batido de chocolate “bastante” sano 😉. También he recurrido al agua de coco, aunque no puedes usar mucha o el sabor será… COCO, en mayúsculas. Algunas personas les añaden agua fría a sus smoothies (también está la opción de picar hielo junto a las frutas, el resultado es parecido), caldo vegetal o incluso café.

Imaginación, complementos, ¡y a crear!

Llegados a este punto, ya tenemos un smoothie. Es cuestión de jugar con las proporciones de cada ingrediente para que el resultado sea de vuestro agrado, de ir jugando con combinaciones de elementos, pero el resultado ya podría ser considerado como tal. Pero aún podemos rizar el rizo y que el resultado sea más nutritivo, más sabroso, y nos aporte todavía más.

En primer lugar, tenemos las semillas de chia, de las que hace poco os pasé un link donde hablaba de sus propiedades y que, además de su alto contenido en fibra, sumergidas en líquido actúan como espesante. Si añadimos copos de avena crudos o incluso quinoa, el resultado será aún más saciante, ideal para que el smoothie sea un plato único si queremos perder peso.

Las especias son otra forma interesante de darle más sabor, amén de muchas otras propiedades nutritivas. La canela y la cúrcuma (de la que también os pasé información hace poco) son las más habituales, pero la nuez moscada, el cilantro, o incluso la pimienta pueden ser añadidas a nuestro batido.

Y para terminar, no nos podemos olvidar de los frutos secos. ¿Os habéis pasado con el líquido? Echadle a la batidora unas cuantas avellanas y veréis como la textura vuelve a ser más espesa. ¿No os gustan las avellanas pero queréis el mismo efecto? Probad con los pistachos, gran fuente natural de magnesio y potasio. Nueces, almendras, cacahuetes, anacardos… you name it.

Mis pequeños trucos

Yo empecé con el tema de los smoothies hará cosa de tres años. Entonces, la moda no era lo que es ahora y no había tanta información, pero la idea era la misma. En ese momento, cuando empecé a cambiar mis hábitos y estaba cerca de los 100 kilogramos de peso, tenía mucho por perder aún, y durante días y días mi cena consistía en un batido de leche de avena con al menos medio kilo de piña natural. Se ha hablado mucho del efecto “quemagrasas” de la piña, y mientras que algunos reniegan de tal efecto, lo cierto es que es una fruta que contiene altas dosis de fibra y agua (lo que ayuda al tránsito intestinal, la convierte en diurética, y sacia), amén de ser rica en bromelina, que favorece la digestión. Como siempre, yo os hablo de MI experiencia, y a mi me funcionó de maravilla.

Hace cosa de un mes y viendo el auge de los smoothies, decidí volver a ponerme, aunque que ahora mis “necesidades” sean bastante diferentes; Estoy en torno a los 70 kilogramos de peso, apenas me queda grasa por quemar, y estoy más centrado en definir que en perder. Creí que como complemento de una dieta equilibrada, añadirlos por ejemplo a la cena (lo que he venido haciendo) no era mala idea. La realidad es que la primera semana de cenar cada día un smoothie de frutas perdí 1 centímetro de contorno de cadera, 1 centímetro de barriga, y 1 kilogramo de peso, pese a haber comida para almorzar sin muchas reticencias y en cantidad, no haber pasado hambre en ningún momento y haber practicado deporte casi cada día de la semana sin sentirme débil o falto de fuerzas.

No se vosotros pero imagino que, como yo, entre semana vais con los minutos contados, y todo lo que pueda facilitaros el trabajo, bienvenido sea. Además, en mi caso, viviendo solo, me encuentro con otro problema, y es que muchas veces las raciones de fruta que venden son demasiado grandes para una persona sola, y se me acaba echando a perder antes de que me de tiempo a acabármela. Por ambos motivos, llegué a la conclusión de que el frigorífico podría ser mi gran aliado.

Cada semana compro fruta, llego a casa, la lavo, la corto en pedazos, y la congelo en bolsas de zip. Los plátanos y los kiwis, por ejemplo, uno a uno. Las frutas como la fresa o la piña, en bolsas de 100 gramos (que es la medida habitual que uso para mis batidos). Y las espinacas (creo que no he hecho un sólo smoothie en mi vida al que no le haya echado espinacas)… crudas y congeladas. Si si, lo habéis leído bien. Compro esas bolsas inmensas de espinacas congeladas en porciones, y cuando voy a hacer mi smoothie, cojo dos o tres, y las echo directamente a la batidora, como si le echase cubitos de hielo.

Helado sano

Sobra decir que la textura del smoothie, si todos sus componentes están congelados, quedará como si se tratase de un helado. En primer lugar, y para evitar un poco que ocurra eso, cuando voy a casa al mediodía a comer cojo todos los ingredientes del smoothie, y los dejo en remojo con la leche de avena que usaré luego para elaborarlo, de esta forma los ingredientes se ablandan un poco y la batidora los trabaja mejor, siendo además la textura final algo menos helada.

Y si pese a todo ello, la textura final no os convence, probad a echarle a la mezcla un poco de yogur griego, su cremosidad dotará al batido de una textura mucho más suave. Aunque ojo, el yogur griego es un alimento alto en calorías y grasas, hay que tenerlo en cuenta para el cómputo total de calorías diarias a consumir o simplemente si estamos intentando reducir la grasa.

Pero además, está el componente psicológico. No es lo mismo ni por asomo tener que vigilar lo que comemos y tener delante para cenar un plato de acelgas, que llegar tras un día agotador y encontrarse un bol de helado. ¿Creéis que es una estupidez? Al cerebro hay que engañarle un poco, y por ese mismo motivo recomiendan que cuando nos vemos obligados a comer menos cantidad, usemos un plato pequeño, ya que el efecto óptico engaña a nuestra cabeza y le hace creer que come más cantidad. Y ya se que estáis pensando. “¿Y en invierno?“. Cierto, cuando hace frío no apetece tanto lo del helado para cenar, pero, ¿y si os digo que consumiendo alimentos fríos, nuestro cuerpo consume más calorías al “calentarlos” antes de procesarlos? Por eso se recomienda también beber agua fría, por ejemplo.

En definitiva, para mi los smoothies son una gran herramienta para comer mejor, ya sea con el objetivo de perder peso o simplemente estar más sanos. Los recomiendo encarecidamente como complemento, en especial de cara al verano y con el truquito que os he contado del helado. Si tenéis peques en casa (y a veces no tan peques), es una forma excelente de consumir fruta y verdura, o una gran alternativa a los postres comerciales que muchas veces acaban llenando nuestras neveras.

¡Probadlo y contadnos vuestra experiencia!

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