Pasta de espelta con crema de espinacas al gratén

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¡Veintidós! Veintidós largos minutos en la cola de la tienda donde adquiero productos eco-natural-sanos (a veces no tanto…). Me dio tiempo a leer dos correos, rehacer la lista de labores domésticas (lo reconozco: la rebajé), cambiar la receta del batido que me iba a preparar nada más llegar a casa, incluso practiqué la respiración de Pilates.

Esto ya fue muy al final. Cuando me entraron ganas de aniquilar a la clienta que estaba dos puestos delante de mí y a la que le costó una infinidad decidir qué bolsa de papel quería, “porque hoy no he cogido ninguna (y eso que siempre llevo) y ahora no sé si todo lo que he comprado me va a caber en la pequeña, que no es por el precio, total la diferencia, ya ves, 0,20 céntimos, pero es que luego no sé qué hacer con ellas en casa, porque la grande, aunque esté plegada, me sale por detrás del mueble de la cocina, o sea que mejor me llevo la pequeña, aunque no me fío yo… igual se rompen las asas…”. ¿Tenía o no razón de querer echarle las manos al cuello?

Justo delante una “pitufina”, de menos de dos años, intentaba arrastrar un saco de patatas de dos kilos mientras sujetaba con la mano libre (?) un manojo de papeles de colores que, en su momento, debieron ser una manualidad. Respiraba entrecortadamente por el esfuerzo. El padre, que llevaba lo suyo jugando con el móvil, intuyó que algo no funcionaba y, sin levantar la vista del teclado, le dijo: “Martina, deja eso que si se cae te vas a cortar”. ¿Cortar? Como no fuera la respiración por el esfuerzo…

Me vino a la cabeza un chiste (aviso: muy malo), en el que dos amigos no muy espabilados, deciden poner una tienda, lo que antiguamente se conocía como colmado o tienda de ultramarinos (otro día nos plantearemos el por qué de ese nombre que suena un poco a lo que decían los abuelos de la guerra de ultramar). Pues eso, que deciden poner la tienda y primero quieren hacer prácticas. Se turnan y el que hace de tendero le dice al otro:

-¿Qué quiere?
-Dos botellas de agua y una de cerveza.
-¿Y los cascos?
-¿Qué cascos? Pregunta el que hace las veces de cliente.
-Si hombre, los envases.
-Ah!… ¿Es que hay que traerlos?
-Es que si me los trae se los abono y le sale más barato. Bueno, ahora tú.

Los dos dan la vuelta a la mesa y el que antes hacía de cliente pregunta:

-¿Qué quiere?
-Dos quilos de patatas. Responde el otro.

Y el que vende, que era el más espabilado de los dos, va y le dice casi a gritos:

-¿Y LOS CASCOS???

He advertido de que era muy malo, pero de alguna manera tenía que entretenerme. Que ya estaba a punto de explicarme otro, también de patatas, pero ya me tocó y finalmente, aunque me pareció increíble, pagué. Aliviada y convencida de que mi sufrimiento había llegado a su fin, me dirigí a casa con mis manojos de kale, dos jugosas remolachas, un pepino y varios limones para preparar el antes mencionado batido. Pero cual no sería mi sorpresa cuando, ya en la cocina, abrí la bolsa: ni limones, ni pepino, ni remolachas, ni col… Doña “bolsa sí-bolsa no”, me había dado el cambiazo.

Supe seguro que fue ella porque, como ya he dicho, justo delante tenía al padre “movilero” con la niña “arrastrapatatas” y en “mi” bolsa patatas no había. Ni falta hace decir lo que me pasó de entrada por la cabeza (#@!!!@!!##), pero ya resignada eché una ojeada al interior de la bolsa (más por curiosidad que por otra cosa). Viendo la hora que era y ante la complicación que podía entrañar localizar a la señora y que yo pudiese recuperar mis vegetales, hice un cálculo aproximado y tras la convicción de no estar estafando a nadie (más bien al contrario), opté por la vía fácil: prepararme una sabrosa cena con el contenido de la bolsa, acompañarla con una copita de buen Rioja y terminar el día brindando a mi salud. Me lo había ganado 😉

RECETA: Pasta de espelta con crema de espinacas al gratén

Vegetariana: Sí (siempre y cuando se admita el queso)
Vegana: No
CS: Comer Sano / Comer Sabroso

Ingredientes para 2 personas:

  • 150 / 170 gr. de macarrones de espelta
  • 300 gr. de espinacas frescas
  • 1 brick de crema de leche vegetal (200 ó 250 cl.). Con la de avena sale deliciosa
  • 2 dientes de ajo
  • 1 bola de mozzarella fresca
  • Aceite de oliva
  • ½ cucharadita de bicarbonato (*)

Preparación:

(*) Hace mucho tiempo que se habla de las bondades de la alimentación alcalina, siendo considerada mucho más sana que la ácida. Sin ánimo de adoctrinar a nadie, únicamente con la finalidad de “rebajar” la acidez del queso, podemos diluir el bicarbonato en agua (la proporción es ½ cucharadita por un litro de agua) y sumergir la bola de mozzarella. Yo lo hago durante una hora. Este proceso no altera el sabor del queso. Se trata de una elección totalmente personal.

Hervir la pasta con agua y sal. Mientras, saltear las espinacas limpias en aceite de oliva. Cuando ya hayan tomado color, añadir un diente de ajo laminado. Seguir removiéndolas para que se acaben de saltear junto con el ajo. Añadir la crema de leche y salar (si se desea, añadir pimienta negra). Cuando haya espesado la crema, retirarla del fuego.

Una vez escurrida la pasta, saltearla con un poco de aceite y el otro diente de ajo, también laminado. A continuación, mezclar con la crema de espinacas y, si es necesario, rectificar la sal.

Pasarlo todo a una fuente para horno. Y mientras el gratinador se va poniendo a punto, rallamos o laminamos la mozzarella sobre la pasta. Gratinar y servir calentita.

Ya sabéis: CS y ¡buen provecho!

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