Montadito de patata, chorizo y huevo de codorniz

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Me gustan los chistes. Cuanto más “malos” mejor, porque dicen que son los que hacen trabajar más el cerebro. Yo tengo la costumbre de explicármelos cuando estoy en las colas, esperando para pagar. Así, aún a riesgo de no parecer muy cuerda si se me escapa la risa, las esperas me parecen más cortas, estoy de mejor humor y todos salimos ganando (porque reconozco que cuando me atravieso…).

Hace nada os expliqué uno de patatas y hoy tengo otro del mismo tema (será porque tengo hambre).

Se escapan dos presos de una celda y empiezan a dar vueltas por la prisión, buscando por dónde fugarse. Deciden esperar a la noche y, mientras tanto, intentan esconderse y pasar desapercibidos. Después de descartar la enfermería, la capilla, la biblioteca, la sala de juegos, el aula y los talleres (si añadimos una disco creería que estaban en Marina d’Or), llegan a la cocina. Miran hasta en el cuarto de las escobas y ningún sitio les convence. A todo esto, oyen unos pasos apresurados en el pasillo. Se lanzan a lo primero que encuentran y, el más alto, elige un bidón vacío, mientras que el otro, un poco más bajito, se tira de cabeza entre unos sacos de patatas.

  • A ver, mirad en todos los armarios. Grita el director.
  • Nada señor. Dice uno de los vigilantes después de haber registrado hasta el congelador.

El director, enfadado y cansado (se jubilaba en dos semanas y maldita la gracia de tener ese festival entre manos justo a esas alturas), le da un puntapié al bidón. El preso que estaba dentro, para evitar ser descubierto dice:

  • Bidoing, bidoing… Emulando el sonido metálico.
  • Aquí no hay nadie. Dice el director mientras le asesta una patada a los sacos de patatas.

Y al preso que estaba entre los sacos, para no ser menos que su compañero de fechorías, no se le ocurrió otra cosa que decir:

  • Patatoing, patatoing…

Y es que las patatas dan mucho juego. Hay todo el año. Casi todos tenemos alguna en casa (no, esa con protuberancias no cuenta, ha de ser comestible). Son muy versátiles y, lo que es casi increíble a día de hoy, son económicas. La de cosas que nos vienen a la cabeza si pensamos en patatas:

A lo pobre, a la importancia, Hasselback, fritas, rellenas, al horno, con o sin piel, hervidas, bravas, duquesa, en tortilla, en puré, nidos, bombas, con alioli, Parmentier, ñoquis, chips, gratinadas, panaderas, en croquetas, mil hojas, en pastel, Monalisa, Vitelotte, Red Pontiac, Kennebec, con bacón, con queso, con atún, con jamón, con bacalao, las papas canarias…

Y como decía Buzz Lightyear: “Hasta el infinito y más allá”. Porque hay tantas variedades (varios miles) como maneras de cocinarlas, y si tenemos en cuenta que cada uno en su cocina hace lo que quiere y que sobre gustos no hay nada escrito… nos faltan dedos para contar.

La patata es uno de los productos que nos llegó de América, de Ultramar. De ahí la palabra “ultramarinos”, que era el nombre con el que se conocían los productos que procedían de ese lugar y que como os decía en la receta de “pasta con espinacas al gratén”, a mi me ha sonado siempre a batallita. De esas tiendas de toda la vida nos ocuparemos otro día.

Así pues hoy va de patatas, y os dejo una receta para esos días en los que uno se pone el mundo por montera y decide que ya ha sido legal durante demasiado tiempo. O para agasajar y agasajarse con un montadito sin pan.

RECETA: Montadito de patata, chorizo y huevo de codorniz

Vegetariana: Va a ser que no
Vegana: ¡Menos!
CSms: Comer Sabroso / menos sano

Ingredientes:

  • patata hervida fría y sin piel (la patata es un alimento alcalinizante, lo que reduce el pecado)
  • huevos de codorniz, uno por montadito (son pequeños, seguimos con la reducción pecaminosa)
  • chorizo sarta picante (aquí no hay reducción que valga)
  • aceite de oliva
  • sal. Si queréis paliar un poco los devastadores efectos del plato, podéis usar la del Himalaya (queda pendiente hablar de sus propiedades)

Preparación:

Cortamos la patata en rodajas no muy gruesas y las disponemos en un plato para servir.

Cortamos el chorizo en lonchas de medio centímetro de grosor (más o menos, tampoco se trata de utilizar un pie de rey) y las reservamos.

Ponemos aceite en una sartén y freímos los huevos de codorniz. Importante: el tamaño de la sartén dependerá de vuestra pericia a la hora de controlar la cantidad de huevos a freír. Podéis hacerlos uno a uno o varios a la vez. En este tema no me creo con derecho a aconsejar. Que todos sabemos lo complejo que puede llegar a ser freír un huevo, por pequeño que éste sea.

Una vez fritos los ponéis sobre un papel absorbente y, en el mismo aceite, salteáis unos segundos las lonchas de chorizo. Les quitáis también el exceso de aceite, aunque luego las vamos a “bautizar”.

Montaje:

Cada montadito se compone de:

rodaja de patata con un poco de sal
huevo de codorniz, también con una pizca de sal
loncha de chorizo

La base siempre es la patata, lo que puede cambiar es la disposición del huevo y del chorizo. Puede ponerse el huevo, rociarlo con un pelín de aceite de la sartén y trocearse el chorizo encima, a modo de guarnición.

Y otra opción es poner primero el chorizo, encima el huevo y unas gotas de aceite.

Pecar pecareis igual. Es una cuestión de gustos estéticos.

Y como siempre ¡buen provecho!

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