Excusas

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Como ya os conté anteriormente, yo me había propuesto cambiar de estilo de vida varias veces antes de que finalmente decidiese hacerlo realidad. A día de hoy puedo decir que lo he conseguido, y que dudo mucho de que nunca vuelva a mis antiguos hábitos precisamente porque los cambios que he realizado los he añadido a mi rutina diaria, y para mi ya no son “reglas” que debo cumplir para…………………………, si no un modo de vida que me hace sentir bien y me aporta muchos beneficios.

Como a todo hijo de vecino, al principio me costó. Old habits die hard, que dicen los americanos. Cuando te has tirado años comiendo mal y sin pararte a pensar si es lo más adecuado, abandonar esos hábitos no sólo requiere sacrificio, si no que muchas veces requiere mecanismos que nos lo hagan fácil y atractivo. Si pasas de comer patatas fritas y pizzas a acelgas hervidas en pocos días, lo más probable es que no dures mucho en tu nuevo estilo de vida, amén de que igual sientes deseos de echarte a las vías del tren.

No sólo la comida tiene que ser atractiva y sabrosa, tiene que ser fácil de preparar, porque si un Lunes por la noche llegas a casa cansado y tienes que ponerte una hora a “cocinar sano”, las tentaciones de abrir la nevera y prepararte lo primero que pilles, aumentarán exponencialmente. ¿Cuales son los trucos que yo he usado? Os los cuento.

Para cocinar no hace falta ser Ferran Adrià ni dedicarle seis horas para cada plato

Lo que marcó un antes y un después en mi vida fue implicarme más en el proceso de elaboración de lo que comía. Cuando lo haces, te das cuenta de lo que comes, eres consciente de los alimentos que llevan aquello que consumes, e incluso la forma en la que compras, cambia.

El problema de cocinar es que mucha gente que lo hace poco o nunca cree que es complicado, o que si no elabora grandes platos, eso “no es cocinar” o “no vale”. Que la mayoría de esos mismos cree que “no pueden ponerse a dieta” porque para ello necesitan tener unas dotes en la cocina que escapan de sus míseros conocimientos culinarios, y es una de las excusas que se suelen dar a si mismos; “No como mejor porque me sacas de la tortilla a la francesa y no se cocinar nada más“.

La otra excusa, que suele ser la REINA de las excusas referente a este tema, es la falta de tiempo. “Comer sano requiere un tiempo que yo no tengo, voy muy justo de tiempo cada día y no puedo ponerme a cocinar cuando llego a casa, voy muy justo de tiempo cada día y cuando llego, abro la nevera y pillo lo primero que veo…“. Decidme que no hay ninguna de estas frases que no hayas oído o incluso usado alguna vez.

No, yo no soy millonario y me paso el día en casa cocinando sin necesidad de trabajar, ni tengo un ejército de minions que me hacen todas las tareas y me permiten pasarme el día pensando que platos elaborar. Y como vosotros, la excusa de la falta de tiempo apareció y tenía dos opciones; hacerle caso y volver a mis malos hábitos, o encontrarle alternativas.

La realidad es que hoy en día hay en el mercado muchos productos que nos pueden facilitar la labor de cocinar de forma rápida, y no por ello tenemos que caer en la comida basura ni en los precocinados, que habitualmente no sólo son extremadamente calóricos, si no que además contienen muchas más “porquerías” que ingredientes con valor nutricional real.

Si quieres cambiar la forma de comer, tienes que cambiar la forma de comprar

La mejor forma de no caer en la tentación de comer porquerías es no comprarlas. Si a las diez de la noche de un miércoles te da un antojo y cambiarías a tu primogénito por unas galletas de chocolate, pero sólo tienes galletas maría integrales, tienes dos opciones; O haces que se te pase el antojo, o comes galletas maría integrales. Y que no puedas controlarte y te des un atracón de 15 galletas no es lo ideal, pero si en vez de 15 galletas maría integrales son 15 galletas oreo… pues peor.

Este es un ejemplo muy extremo y muy salvaje, pero creo que lo entendéis. Ahora, extrapolémoslo a la comida “normal” y no sólo a los caprichos. Arroz basmati (del que yo soy un firme defensor) en vez del blanco. Verduras congeladas para acompañar tus platos en vez de patas fritas. Tostadas de pan integral en vez de pan de molde blanco. Embutidos elaborados con pavo en vez de embutidos elaborados con cerdo. Y esto son sólo algunos ejemplos, seguro que encontraríamos otros muchos. Algunos de mis “básicos” son los siguientes;

Verduras congeladas: Si, las verduras al congelarlas pierden propiedades, es un hecho. Pero yo no puedo ir cada día a comprar verduras ecológicas de huerto ecológico recogidas a mano una a una mientras les cantan una nana a las acelgas para que no sufran, no se vosotros. La realidad es que las bolsas de verduras congeladas son un complemento fantástico que no debería faltar nunca en vuestro congelador, en cantidad y variedad.

Ya sean espinacas (que como os conté, añado casi siempre a mis smoothies) por su alto contenido en fibra, como primer plato, acompañamiento, o plato único (salteadas solas con un poco de sal marina, yo he llegado a comerme una bolsa de kilo de una sentada). Si queréis añadirles un punto extra, podéis saltearlas acompañadas de cebolla y un poco de bacon desmenuzado, ya que por muchas calorías que nos aporte el bacon, un kilo de espinacas apenas llegan a las 250 calorías.

La cebolla, en juliana o troceada. Grandes propiedades diuréticas, alto contenido en fibra, y un reductor del azúcar en sangre de forma natural, lo cual no es beneficioso sólo para diabéticos, ya que menos azúcar significa menos producción de insulina, lo que ayuda a adelgazar. Excelente para acompañar carnes, probad a caramelizarla con un poco de bourbon y tendréis un complemento perfecto para hamburguesas de vacuno, por ejemplo.

La zanahoria, que he añadido más recientemente a mis “básicos”. Habitualmente, yo consumo el tipo “baby”, aunque también se puede encontrar fácilmente en rodajas. De siempre se conocen sus propiedades para la vista, pero es un alimento con alto contenido en agua y fibra, lo que ayuda a saciar y a que nuestro tránsito intestinal sea el adecuado (lo que también ayuda a perder peso).

Arroz: Yo no era muy fan del arroz blanco. En primer lugar, es un hidrato de carbono complejo de absorción lenta, lo que como diabético insulinodependiente, debo tener en cuenta. Y en segundo, y esto ya es a título personal, nunca me sentaba del todo bien, dejándome sensación de pesadez aunque comiese poca cantidad. El integral es duro de pelar y no me convencía, así que cuando cambié mi estilo de vida lo eliminé de mi dieta, tanto por esos motivos como por su alta cantidad de calorías. Hasta que descubrí el arroz basmati.

Esta variedad, muy popular en la cocina india, tiene propiedades muy interesantes; estimula el metabolismo, su total calórico es más bajo que el del arroz blanco o incluso el integral, tiene un índice glucémico menor, ayuda a combatir el colesterol, no tiene gluten, y su aroma y sabor suaves lo hacen muy apetitoso.

De nuevo, nos encontramos con un recurso fácil que yo uso mucho, los vasitos para microondas. Si, obviamente el arroz sería mejor si consumiésemos granos seleccionados a mano uno a uno por el señor Chen, un entrañable anciano chino y ciego de 106 años de edad que lleva 50 dedicados al cultivo de arroz. Pero como eso no es factible, y es mejor arroz de “menor” calidad que una pizza congelada, yo siempre tengo en la despensa.

Embutidos de pavo: Hace mucho tiempo que la carne roja y yo no somos grandes amigos. Puedo consumirla de forma ocasional, y no me sienta mal, pero prefiero no hacerlo. Por ello, el pollo y el pavo son mis dos carnes de referencia, siempre tengo en mi nevera, y consumo habitualmente, especialmente de la segunda. Y desde hace unos años, la proliferación de embutidos hechos de pavo como alternativa a los clásicos embutidos curados hechos con carne de cerdo (chorizo, salchichón, lomo) lo ha facilitado aún más. No hay que ser un lince para entender que si eliminamos la carne de cerdo de la ecuación, reducimos sus efectos nocivos, amén de la grasa que suelen llevar esos productos.

Como en el caso de los vasitos de arroz, las diversas modalidades de pechugas de pavo existentes en el mercado reciben muchas críticas. Obviamente, alimentarse siempre con ellas no es lo ideal, y si, posiblemente hay que mirar bien las que se consumen porque no es oro todo lo que reluce. Pero una vez más, si la alternativa tiene que ser comer peor, esta clase de productos nos pueden servir perfectamente.

Salmón congelado: Raramente me falta en el congelador. El salmón ofrece innumerables formas de cocinarlo y comerlo, se puede acompañar de muchas maneras, incluso estando congelado lo podéis tener listo en unos pocos minutos de microondas, y aporta tanto proteína de calidad como grasas saludables.

Los caprichos también son necesarios

En esta web abogamos por comer de forma saludable como herramienta principal para una vida sana. Pero una “vida sana” contempla muchos factores, y la salud psicológica es, si no el principal, uno de los más importantes. Cuando decidimos darle un giro a nuestro estilo de vida debemos hacerlo introduciendo hábitos que nos sean fáciles de aceptar, o de lo contrario, fracasaremos. Precisamente de eso va este artículo, de facilitarnos a nosotros mismos adoptar (Y MANTENER) esos hábitos para que tengamos cuantas menos excusas posibles para volver a lo que hacíamos mal.

No se trata de “hacer dieta”, ni se trata de seguir unas normas estrictas durante X tiempo hasta conseguir un objetivo concreto. Si se hace de esta forma, me atrevo a decir que, en primer lugar, nos costará horrores, y por extensión, nos hará infelices. ¿Cuantas veces hemos leído sobre cómo la gente que sigue dietas muy estrictas está de peor humor? Y en segundo lugar, y no menos importante, si nuestro día a día se convierte en una sucesión de comidas insípidas y estrictas sin posibilidad de darnos ninguna alegría, es muy probable que abandonemos esos propósitos tan nobles.

En el próximo artículo os traeré una razón científica por la cual saltarse la dieta una vez a la semana no es sólo bueno, si no necesario. Para que os quejéis.

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2 thoughts on “Excusas

    1. Hola Ana

      Tanto en el post anterior como este lo explico. Decidí establecer un máximo al día de calorías a consumir en función de mi objetivo (que era perder un kilo al mes, aproximadamente), y con ese objetivo, y pensando todo lo que comía, fui haciendo.

      Sin restricciones de ningún tipo, pero claro, si a mediodía te apetece comerte una hamburguesa con patatas fritas y un pedazo de bol de helado y son, digamos, 900 calorías, y tu total diario son 1500, la cena vas a tener que hacerla muy light si no quieres pasarte (que se puede, pero no es lo más recomendable).

      Sí tienes dudas, aquí estoy.

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