La aventura de cocinar

Un chico invita a un compañero de universidad, que es extranjero, a comer a su casa para que conozca a su familia y se sienta más integrado.

Son un montón de gente y el ambiente es muy animado. Cuando ya se han servido todos los platos, el padre pide silencio y dice que hoy le toca bendecir la mesa a su invitado.

El joven titubea un poco y se queda pensando qué puede decir. Su compañero de clase, extrañado por el silencio, le pregunta:

  • ¿Es que en tu casa no rezáis antes de comer?
  • No. Responde el invitado. Mi madre sabe cocinar.

Entiendo perfectamente a las personas a las que no les gusta cocinar. Las explicaciones, que no excusas, las hay para todos los gustos: no tengo tiempo; es que eso de medir y pesar y hornear… luego me salen unos potingues que no hay quien se los coma; es que mi suegra (ya salió la tan temida bru suegra) critica todo lo que hago “que si falta sal, que si está crudo…”. Para mí son todas aceptables. La que no me cuadra es esa de “es que no me gustan las tareas domésticas”. ¿Tareas? ¿Quién ha hablado de tareas? Cocinar no es una tarea. Cocinar dignifica. Yo diría más: ¡cocinar es un chollo! Te escaqueas toda la mañana (y a veces buena parte de la tarde) en la cocina, y los demás que limpien, recojan, pongan la mesa, etc., etc.

Puedes hacer todas las mezclas que te dé la gana sin que, por lo general, explote nada (¿a quién no le habían escondido el “Cheminova”? Los que tienen una edad saben de qué hablo). Si sale bien te echan flores y si no, tú eres innovador/a y los demás no tienen paladar o están muy poco viajados. ¡Ah! Y da buen color, porque las mejillas quedan de un sonrosado que ni Heidi después de trotar por los Alpes, detalle especialmente interesante para las féminas, que solemos ponernos colorete o blush (que suena más chic).

No hay que tenerle miedo a cocinar. Es como cualquier otra actividad: si no se nace con una predisposición natural, siempre se puede practicar y practicar, hasta conseguir un resultado que sea al menos comestible. Cualquier número uno de cualquier disciplina, aunque haya nacido con ese no se qué especial, también tiene que currárselo mucho. Así pues, no ha de haber tarta demasiado seca ni comentarios demasiado malintencionados que consigan hacernos desistir de nuestro propósito: COCINAR con mayúsculas. Además, si Ratatouille fue capaz de convertirse en todo un chef ¿por qué nosotros vamos a ser menos? Y que no nos venza la presión. Una cosa es aspirar a montar un restaurante de tres estrellas Michelin y otra muy distinta cocinar para uno mismo, para la familia y/o para los amigos.

Aquí os dejo un menú, de esos que siempre nos hacen quedar bien, compuesto de ensalada, plato y postre. Y la receta de la ensalada (la del plato y la del postre, en la siguiente entrega). De base son recetas simples pero todo se puede adornar y pulir. Vosotros pondréis los límites. Manos a la obra y como decía Henry Ford (el de los coches): “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto.”

MENÚ:

Ensalada de aguacate y anchoas
Verduras en tarta con guarnición de alcachofas
Trifle de cerezas

Puntualizaciones: el aceite, si no se indica lo contrario, es siempre de oliva. La sal del Himalaya.

RECETA: Ensalada de aguacate y anchoas

Vegetariana: Sí, si se eliminan las anchoas
Vegana: Sí, si se eliminan las anchoas
CS: Comer Sano / Comer Sabroso

Ingredientes para 2 personas:

1 aguacate al punto
un par de tomates maduros (si son pequeños 4)
8 filetes de anchoa (4 anchoas si son en salazón)
un par de rebanadas de pan tostado
sal y pimienta negra
aceite

Preparación:

Empezamos con las anchoas. Se limpian bajo un chorrito de agua: sin son frescas para eliminar espina y tripas; sin son en salazón, para quitarles el exceso de sal. Se reservan.

Se abre el aguacate por la mitad, se pela y se retira el hueso (no lo tiréis). Se cortan las dos mitades a medias lunas y se disponen en círculo sobre cada plato.

Se parten los tomates, se eliminan las semillas y se rallan.

Procedemos a montar el plato. Sobre las lunas de aguacate rallad una parte del hueso (*) y encima poned la ralladura de tomate. Salad.

Encima se disponen los filetes de anchoa en cruz. Se sazonan con pimienta y se adereza el plato con aceite de oliva, de manera que impregne las anchoas y el tomate. Se acompaña con una rebanada fina de pan tostado.

(*) El hueso del aguacate parece ser que tiene un montón de propiedades: entre ellas, la de fortalecer el sistema inmunológico, antiinflamatoria, rejuvenecedora… Es donde se concentra una gran cantidad de fibra y tiene un sabor peculiar.

Espero que os lancéis y que triunféis. En el siguiente capítulo: la tarta y el trifle.

Buen provecho y CS.

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