Muesli casero

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En Cook Eat Easy somos grandes defensores de la avena. A poco que nos leáis, os habrá quedado claro. La usamos para múltiples recetas, tanto saladas como dulces, la empleamos de múltiples formas, y se puede comer a cualquier hora del día. De todos modos, si aún sois reticentes a comerla de una forma menos convencional (os animamos a que probéis nuestro pastel de avena, pavo y cerveza, y luego hablamos), esta receta os interesa; muesli casero.

El muesli es un alimento de origen suizo, inventado por el Doctor Maximilian Bircher-Benner a principios del siglo XX, e inspirado en las cenas de los pastores de la zona. Desde hace ya años se ha popularizado como opción para el desayuno, por ser un cóctel bastante completo de vitaminas, minerales, proteínas e hidratos de carbono, y se asocia habitualmente a el desayuno ideal para aquellos que quieren controlar su dieta e incluso perder peso.

Por desgracia, y como sucede con la mayoría de cosas que se popularizan, se ha “prostituido”, y muchas marcas comerciales lo usan como reclamo para incautos consumidores que, atraídos por sus supuestos beneficios, acaban comiendo amalgamas de azúcares y otros componentes no demasiado sanos creyendo precisamente que están aportando un elemento beneficioso a su dieta.

Obviamente, no todos los mueslis disponibles en el mercado son un engaño, pero os invito a que os deis un paseo por cualquier pasillo de cualquier super y echéis un vistazo a las opciones; Mirad sus componentes, mirad su aporte calórico, su total de hidratos de carbono, azúcares, etc. Y luego, coged otra opción “menos sana” (como los típicos cereales de desayuno para los más pequeños, que suelen tener muy mala fama -y con razón, pero ese es otro tema-) y os sorprenderá ver que las diferencias, en algunas ocasiones, son prácticamente imperceptibles.

No es casualidad pues que el muesli casero esté ganando muy buena fama entre aquellos que somos “fans” de la vida sana, y en internet podéis encontrar decenas de recetas para elaborarlo en vuestra casa. La que hoy os traemos nosotros es precisamente a base de avena, haciendo una especie de amalgama entre el muesli y la granola, que admite muchas variaciones, es sana, fácil de preparar, y que se puede consumir de muchas formas; Sola, con yogur, con leche… Con un pequeño bol de este muesli y un poco de leche como desayuno, quedaréis saciados toda la mañana y con energía de sobras. ¿Estáis a dieta y teméis quedaros con hambre al cenar? Añadid un poco como postre y os aseguro que quedaréis saciados.

Para nuestra versión hice varias pruebas antes de dar con la definitiva. Cuando la hice por primera vez aún estaba en la fase de perder peso, así que me centré en intentar reducir al máximo el total calórico de cada ración, teniendo muy claro que la avena tiene un importante número de calorías pero que, obviamente, no es lo mismo que nuestro muesli reciba su mayoría de calorías de un cereal como la avena, a que lo haga de azúcar, miel, o frutos secos (opciones muy populares en muchas recetas que podréis encontrar por internet).

Los ingredientes que usé fueron;

  • 500 gramos de copos de avena (marca Brüggen)
  • 50 gramos almendra laminada (o podéis usar la que venden a a “cubitos”)
  • 50 gramos de sirope de arce (marca Madal Bal)
  • 50 gramos extracto de vainilla (marca Vahiné)
  • Canela en polvo (al gusto)

Básicamente se trata de mezclar todos los ingredientes en un recipiente tan amplio como nos sea posible, y que sea apto para horno. Lo mezcláis todo bien, asegurándoos de que tanto el sirope como la vainilla “llegan” a toda la avena por igual (para ello recomiendo ir echándolo poco a poco). Una vez bien mezclado todo, lo metéis al horno, con una potencia BAJA (en mi caso, 140/160 grados, pero cada cual conoce su horno); Si no lo hacéis así, tanto la almendra como los copos de avena se quemarán más que tostarse, ya que son muy finos y se “cocinan” rápido, y la receta pierde la gracia. Yo nunca lo tengo menos de 30 minutos, y eso si, abriendo el horno y removiéndolo todo cada poco, para asegurarme que la capa de encima no queda muy hecha y la de debajo, cruda.

Una vez lo tengáis, lo sacáis del horno, lo dejáis enfriar, y si lo guardáis en un tarro de cristal con un buen cierre, os puede aguantar más de una semana sin perder sabor ni textura, ¡aunque en mi caso raramente me dura más de tres o cuatro días! Personalmente os recomiendo comerlo con un poco de leche de soja o avena, bien fresquita. ESPECTACULAR.

Como os decía al principio, esta receta adquiere múltiples variaciones. La receta original que yo usé de base llevaba miel en vez de sirope de arce, azúcar, y una cantidad más elevada de almendras. Obviamente, eso afectaba al sabor, y no quedaba malo ni mucho menos. Pero no hay que ser licenciado en medicina y nutrición para saber que, si aumentamos la cantidad de frutos secos (muy calóricos per se), añadimos miel y azúcar, tanto el total calórico, como los hidratos, como los azúcares que nos aporta, aumentarán. Por ello, y siendo mi objetivo en ese momento el de perder peso, hice los cambios que os he comentado.

Si no tenéis problema con ello o no os importa que la receta os aporte más, adelante, experimentad. Así sin pensar mucho se me ocurre jugar con frutos secos varios (almendras, avellanas, nueces, pasas, cacahuetes), fruta deshidratada, coco rallado… ¡hasta trocitos de chocolate! Si probáis alguna de estas variaciones, por favor, compartidlas con nosotros.

¡Que aproveche!

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