En mi casa va de baja

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Lo confieso: los más de los días de la semana (6 sobre 7) no consumo proteína animal. Y cómo me fastidia cuando digo “no como cerdo” y siempre hay alguien dispuesto a meter el dedo hasta el fondo de la herida, preguntando: ¿NI JAMÓN? A ver, ¿qué parte de la frase NO-COMO-CERDO no hemos entendido? Que lo digo sin coma. Así que si no te insulto, que podría decir: “no como, cerdo”, que entonces sí tendrías motivos para protestar, ¿por qué te recreas insistiendo?

Bien, a lo que íbamos. Que la proteína animal… en mi casa va de baja (memorizad este eslogan, yo lo dejo caer, así como quien no quiere la cosa, pero dará que hablar).

Pero reconozco que a pesar de los pesares, y aunque pienso en los animales como seres vivos con inteligencia y sentimientos, me cuesta un montón olvidar o archivar en el más recóndito rincón de la memoria, toda esa serie de platos que han hecho las delicias en mi mesa. Y he de admitir que ceder cedo poquito, pero todavía cedo a veces. En nuestra sociedad se nos ha educado el paladar “en carnívoro” y, para más inri, en este país se cocina de muerte. Sí, dirán vegetarianos y veganos, de muerte súbita de los pobres animales que devoráis. Pero es que ponerse de 0 a 100, de un día para otro, a no ser que te vaya la salud…

No se trata de poner excusas ni justificarse, pero los que tenemos una cierta edad hemos “sufrido” esa educación gastronómica impartida por nuestros padres, hijos de la guerra y de la posguerra, según la cual y con la mejor intención del mundo, han querido darnos lo que ellos no tuvieron y ala… ¡venga carne! y todo en cantidad. Y de la misma manera que cuesta saborear (ya no digamos experimentar en la cocina) un bizcocho hecho con azúcar de coco o Xilitol, el conseguir disfrutar con un estofado únicamente de verduras (por muy ricas, nutritivas, sanas, antioxidantes y clorofílicas que sean) o hacer albóndigas de soja texturizada (os debo la receta), puede convertirse en una mochila demasiado pesada para algunos.

Yo creo que por eso se inventó el término “flexitariano”. Es como una zona de tregua entre los “vegetarianos a tiempo parcial” y los que lo son a full time. Es importante concienciarse al menos. Ni que sea un poquito cada día. Por eso creo que el flexitarianismo es un gran logro. Martin Luther King decía “basta con que subas el primer peldaño” y…

  • dejar de consumir carne los lunes,
  • cambiar proteína animal por legumbres,
  • eliminar la carne picada de los macarrones,
  • colorear el plato con más verde, rojo, naranja y amarillo,
  • abrirse a probar nuevos alimentos que ha traído la globalización

son peldaños que, subidos uno a uno, pueden llegar muy lejos.

Al fin y al cabo, cuando no había mucho (que no es que ahora podamos dar de palmas, pero nuestros mayores saben qué era “no haber mucho”), se echaba a la olla lo que había, y el arroz, los garbanzos, las patatas y las lentejas con su verdura y su chorrito de aceite alimentaban a los que había en casa. Y el pollo cantaba en Navidad, que no había todos los días.

Que no nos miren mal los vegetarianos: sed pacientes y recordad algunos de vosotros vuestros inicios. Tened en cuenta que luchar un día y otro para no caer puede ser una lucha que dure toda la vida. Pero lo importante es no rendirse.

Quien no tiene cabida entre los flexitarianos son los veganos. Pero ellos, y no lo digo con sorna sino con todo el respeto, están a otro nivel al que yo no sé si seré ascendida algún día.

Y para no ponernos demasiado trascendentes, el chiste malo de la receta:

¿El colmo de un vegetariano o de un vegano?
Tener una mujer jamona, una suegra con un par de huevos y un hijo chorizo.

RECETA: Calabaza al horno rellena de verduras

Vegetariana: Sí
Vegana: Sí
CS: Comer Sano / Comer Sabroso

Ingredientes para 2 personas:

  • media calabaza
  • pimiento amarillo (al ser muy suave de sabor va muy bien con la calabaza)
  • calabacín
  • puerro
  • sal
  • aceite de oliva

Preparación:

Vaciamos la calabaza con paciencia y cuidado (es la única parte complicada de la receta, ya que la pulpa es dura y cuesta un poco de cortar). Hay que dejar un medio centímetro de grosor. Salar, aceitar y reservar.

Cortar el puerro y el calabacín en rodajas. Si se prefiere, el calabacín puede cortarse a dados, igual que el pimiento amarillo. Poner todas las verduras en un bol lo suficientemente grande para poder mezclarlas, y añadir la pulpa de calabaza troceada. Salar, aceitar y rellenar con las verduras la media calabaza. Hornear suavemente, para que no se quemen.

Como la calabaza también se cuece, toda la pulpa que todavía está adherida queda tierna y gustosa. Se puede comer sola, acompañada de quinoa hervida, arroz basmati salteado con un poco de aceite, o lo que vuestra imaginación os sugiera. Incluso podéis pecar, sirviendo de guarnición a no diré yo qué platos.

Si no tenéis las mismas verduras, podéis cambiarlas por las que tengáis en casa. Y podéis aliñar con las especias que más os gusten. En una palabra: libertad total.

Como siempre: CS y !buen provecho!

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