Empanadillas de calamar en su tinta

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La empanadilla es un recurso excelente en la cocina. Tanto si tus dotes culinarias son básicas o avanzadas, es un plato que resulta sencillo de hacer, en especial con la aparición en el mercado hace ya unos años de obleas empaquetadas y listas para el horneado (como las de la marca La Cocinera, que son las que yo uso habitualmente y las que usé en esta receta).

El resultado, visualmente hablando, es muy atractivo, no tienen porqué ser necesariamente enemigas de la dieta (aunque es importante no comerlas de 20 en 20 para ello…), y se pueden rellenar de tantas opciones como se nos ocurra, lo que nos da la posibilidad de usarlas de “caballo de Troya”, por ejemplo, para dar a los peques de la casa alimentos tales como verduras o pescado, en caso de que no sean muy amigos.

Como forma divertida y práctica de dejar la comida preparada (esto es como la pizza, frías siguen estando de rechupete), como recurso si queremos llevar algo de comida a una fiesta, como uno de los platos en una cena informal o pica-pica… Es una de esas recetas que deben estar siempre presentes en vuestra lista de posibles recursos tanto por su facilidad de preparación como por su éxito posterior entre los comensales.

Cuando se preparan, habitualmente se suelen hacer de carne, atún, o incluso espinacas. En los dos primeros casos suelen acompañarse con salsa de tomate, y en mi casa, cuando mi madre las ha hecho así, son un éxito rotundo. Pero como os decía antes, es un plato que admite muchas variaciones, y del mismo modo que podríamos prepararlas de postre (probad a rellenarlas de Nocilla, Nutella o derivados, y me contáis lo de no comerlas de 20 en 20), los rellenos salados tienen como único límite nuestro ingenio culinario. Así es, en parte, como nació esta receta, abriendo armarios e intentando encontrar una alternativa al tan manido atún para preparar unas empanadillas “de pescado” algo más originales.

Las conservas, por otro lado, son un ingrediente que habita en muchas cocinas de nuestro país, y que por norma general, son vistas solamente como un simple acompañamiento para hacer el aperitivo los fines de semana o festivos. En el caso que nos ocupa, el de las conservas de calamar, no conozco a mucha gente que las tenga en cuenta como “alimento real”, y me lo confirmaron cuando saqué esta receta, puesto que la reacción mayoritaria fue “nunca se me habría ocurrido usar calamar“.

Pero la realidad es que esta variedad en concreto es una de las conservas que más beneficios puede aportar a nuestro organismo, después del famoso atún, alimento que todos conocemos de sobra. La carne del calamar nos aporta una gran cantidad de proteínas de calidad, en especial debido a que las grasas y las calorías son bastante reducidas. Nos aporta una serie de minerales muy necesarios como pueden ser potasio, magnesio, zinc, fósforo, hierro y manganeso, y es un alimento marino que habitualmente suele presentar bajos niveles de mercurio, el mal acuciante que afecta a la mayoría de productos del mar actualmente.

Por su parte, su tinta contiene importantes agentes antitumorales, su composición nos aporta componentes que pueden ayudar a luchar contra la depresión, y tiene un alto contenido en hierro. Tanto el color negro como su particular sabor salado le darán un toque muy curioso a vuestros platos, y en esta receta en concreto, resulta un contraste muy interesante cuando se sirven y los comensales abren las empanadillas.

La preparación no podría ser más fácil. Simplemente se trata de rellenar cada empanadilla con un poco de calamar (directamente de la lata, puesto que ya viene cocinado y preparado para ser consumido), con cuidado de no rellenarlas demasiado y que no se rompan al cerrarlas (doblándolas sobre ellas mismas). Se colocan en una bandeja de horno, y se hornean a baja temperatura para que el envoltorio no se tueste demasiado. De nuevo, al no ser el contenido un alimento crudo que necesite de cocción, no debe preocuparnos, otro motivo más por el que esta receta resulta facilísima.

Cuando estén listas, se dejan enfriar.. ¡y a comer!

PD: Una alternativa interesante a esta receta es hacerla exactamente igual, pero usando latas de calamar en salsa americana. El punto picante es un argumento culinario muy curioso en caso de que seáis amigos de esa clase de sabores.

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